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3.-PRESENTACIÓN DE VIVIENDO/DESCUBRIENDO LA PREHISTORIA EN EL VALLE DEL LOZOYA

El pasado 12 de abril de 2011 se presentó este cuento, ilustrado por Margarita Lliso y escrito por mi. Está editado por la Comunidad de Madrid y el Museo Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid.

Quiero agradecérselo al Ayuntamiento de Pinilla del Valle, a los pequeños que asistieron al encuentro y, por supuesto, a Enrique Baquedano -director del museo, que confió en el proyecto- y a su fantástico equipo de investigadores, sin los cuales hubiera sido imposible la creación de una obra con tanta rigurisidad científica.



Foto: Jose Luis Martínez Moreno

Si queréis conocer más información al respecto, os recomiendo que visitéis el blog de Marga:  http://margallisodelhoyo.blogspot.com/ Allí encontraréis una maravillosa descripción de este proyecto (Entrada del 30 de abril: Presentación en Pinilla)

2.- PRESENTACIÓN DEL CUENTO EL LEÓN Y EL RATÓN

Para la presentación, nos desplazamos a La Bañeza, provincia de León, donde tuvo lugar la Feria del libro a mediados de abril de 2010.



La presentación incluyó la representación del cuento por parte de un grupo de teatro infantil de La Bañeza. Cada niño representaba a uno de los personajes del cuento; incluso los habían dibujado. Toda una sorpresa para nosotros:



Quien pase cerca de La Bañeza, puede pararse a comer en el Restaurante Madrid o a tomar unas tapas en El Pasaje (muy recomnedables).

1.- FERIA DEL LIBRO INFANTIL DE BOLONIA, 2010.

En la ciudad que da nombre a los espagueti a lo boloñesa, tuvo lugar esta colosal congregación de editoriales de todo el mundo.

Para un español medio, Bolonia es bastante cara; a modo de ejemplo, baste con mencionar que el precio promedio de una copa de vino es de 5,00€. Por supuesto, existen locales más baratos pero no son fáciles de encontrar. La zona que frecuentan los universitarios es la más considerada con el monedero, además, resulta sorprendente poder hacer botellón junto a tres coches de policía: allí no solo está permitido beber en la calle, sino que, al menos en la Vía Zamboni, también se hace la vista gorda con los porros; y todo esto aderezado con sinfonías de Malher, que fluyen desde los amplificadores del teatro para inundar la plaza con buena música.

Vía Zamboni

En Bolonia no encontrareis a chinos vendiendo paraguas: la ciudad es una sucesión de claustros que protegen al peatón de cualquier ataque que provenga del cielo. El centro, como ocurriría en cualquier otra ciudad italiana, sumerge al visitante en un tiempo en el que la pólvora aún no existía.

En cuanto a la Feria, cabe decir que es una cita obligada para cualquier ilustrador que se tome en serio su trabajo. Es un lugar perfecto para conocer qué se está haciendo por ahí y para ver por dónde tiran las nuevas generaciones. Aparte de la congregación de editoriales, también hay una exposición de los ilustradores del momento y un muro en el que los noveles suelen dejar su tarjeta y algún trabajillo que los represente. También importa saber que, para hacer contactos laborales, el ambiente es más fértil por las mañanas y, sobre todo, hay que tener en cuenta que no se debe esperar al último día, porque el viernes, muchas editoriales recogen su stand demasiado pronto, burlándose de todos los que han pagado entrada.

Muchos jóvenes acuden al encuentro para mostrar su trabajo a los editores. Tanto los editores como los directores de arte, no dan a vasto; de ahí que, tras una hora de cola, se ventilen nuestros laboriosos trabajos en menos de cinco minutos. Antes de acudir a la cita, conviene desmontar la ingenua ilusión de que deslumbraremos a un editor o de que saldremos de la Feria con algún acuerdo cerrado. A todos nos gustaría ser el elegido entre los miles de artistas, pero me temo que el mundo está lleno de grandes ilustradores que persiguen el mismo sueño que nosotros. Yo recomiendo poner los pies en la tierra, no solo para ser más feliz y menos neurótico, sino también para actuar de manera más inteligente.

Si queremos ser prácticos, es preferible tratar de contactar con los editores antes del evento para concertar una cita en Bolonia; esto es especialmente útil cuando queramos reunirnos con una editorial extranjera, lejos de nuestra residencia habitual. En caso de no ser posible, al menos conoceremos a algunos editores, de tal suerte que nos podamos dirigir a ellos personalmente en futuros contactos.

Una de las cosas que más me ha llamado la atención ha sido presenciar cómo la mayoría de los ilustradores agachaban su cabeza ante el editor. Es cierto que ellos pueden decidir si publicar nuestra obra o no, pero eso no ha de convertirles, necesariamente, en padres autoritarios, y a nosotros en niños sumisos. Todos somos adultos y nos podemos relacionar como tales: con naturalidad. Quizá algunos artistas sean tan ambiciosos que se hayan perdido a sí mismos en sus deseos de gloria, y obsesionados por ser reconocidos y aplaudidos, hinquen la rodilla ante cualquiera que pueda llevarles al podio. Yo no estoy interesado en esto. Es más, si me encontrara ante el dilema de tener que elegir entre ser mejor artista o ser más feliz y espontáneo, elegiría, sin vacilación, ser más feliz. La infelicidad es una enfermedad, y solo un idiota optaría por atentar contra su propia salud. En el mundo hay muchos idiotas, algunos de los cuales son considerados grandes artistas.

Es cierto que nos podemos encontrar con algún editor desagradable, pero hay muchos otros que son muy amables: en la era moderna, en todas partes hay de todo. Por otra parte, el trabajo del editor no consiste en valorar lo artístico: es el artista quien conoce el lenguaje, quien lo construye y quien ha desarrollado una mayor sensibilidad hacia el universo plástico. El editor tan solo busca un estilo que cuadre con su línea editorial y que funcione en el mercado; buscan algo seguro, que dé beneficios y que enriquezca a su empresa. Puede que un editor decida arriesgar con algo diferente, pero no es lo normal, sencillamente porque no necesita complicarse la vida. Es muy importante saber esto: ellos no son nuestros profesores de arte y sus consejos son, sobre todo, consejos de mercado. Por eso, una de las tareas más importantes a hacer en Bolonia, es aprovechar la afluencia de editoriales para encontrar aquellas que cuadren más con nuestro estilo.

Además del contacto con posibles clientes, no debemos menospreciar el contacto con otros artistas. Siempre es constructivo charlar con personas de otras partes del globo, y más cuando compartimos intereses. Darse cuenta de que uno puede parecerse más a alguien que vive a miles de kilómetros que a su vecino de enfrente, es una mágica experiencia, que acaba con todas esas paletadas xenófobas y todas esas propagandas nacionalistas y patrióticas que quieren fragmentar la tierra y al hombre, para que compitamos entre nosotros y para que algunos saquen beneficios de estas refriegas. La cooperación entre artistas sólo puede hacer la vida más agradable, además de fortalecernos. Lo humano debe tener prioridad sobre las ambiciones, al menos si lo que queremos es vivir tranquilos y felices.