Cuando incorporamos nuestra infancia a la vida adulta, la coloreamos y la expandimos. Creer que la madurez implica aniquilar al niño nos condena a frecuentar un mundo en blanco y negro.
Animo a todos los señores y señoras a que se acerquen a la literatura infantil. Hay tanto por descubrir allí como en los más exquisitos tratados.
Buena suerte.
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